Sefarad, una rondeña entre emoción y virtuosismo
La sensibilidad ha sido siempre una constante en mi forma de entender la música. No como una intención añadida, sino como el lugar desde el que nace todo lo demás.
Sefarad es una rondeña compuesta e interpretada por mí. Una obra en la que esa sensibilidad ocupa el centro y el virtuosismo aparece únicamente como herramienta.
La primera parte se mueve en un espacio más íntimo, dejando respirar la melodía, el sonido y los silencios. Después, la música va creciendo hasta alcanzar una sección final de mayor exigencia técnica, pero sin cambiar de propósito: la técnica no busca imponerse sobre la obra, sino servirla.
Siempre he entendido la guitarra de esa manera. El virtuosismo puede ampliar el lenguaje, llevar una emoción más lejos, tensarla o liberarla, pero nunca debería convertirse en el protagonista.
En Sefarad, lo importante no es cuánto se toca, sino qué queda después de tocarlo.
La sensibilidad como protagonista. El virtuosismo como herramienta.
Vasco Hernández
